Estudio de escultura en piedra chilena y metal forjado a mano. Cada pieza es singular — nace del material, no del boceto.
« Fuerza contenida, nobleza silenciosa — el animal que acompañó la historia del hombre »
La serie más reciente del estudio. Cada caballo nace de un mosaico de mármoles — blanco, gris, rosado, verde — ensamblados como piel fragmentada sobre una estructura de metal forjado. El cuerpo es piedra viva; las patas, crin y cola son acero trabajado a mano. Una técnica mixta que lleva el lenguaje del toro hacia una figura nueva: más esbelta, más serena, más contemporánea. Ningún caballo se repite.
« Símbolo de poder, respeto, fuerza y culto »
La pieza más reconocible del estudio. Cada toro nace de una piedra elegida a mano: el cuerpo conserva la textura bruta, la estructura se suelda en metal forjado. A lo largo de la historia, el toro ha sido animal de culto — aquí se traduce en piedra viva. Ningún toro se repite.
« El núcleo esencial del vigor físico y la fragilidad emocional »
Sin brazos, sin piernas, sin rostro — el torso prescinde de todo para enfatizar la vitalidad interna. Tallados en granito y piedra rosada, estos cuerpos emergen del material conservando su voz bruta.
Representan figuras de liderazgo y sabiduría ancestral — el longko, autoridad y guía espiritual de la comunidad. Cada pieza mantiene viva la conexión con la tierra (Mapu) y preserva la memoria colectiva del pueblo mapuche.
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« Cuellos extendidos, rostros ovales — raíces primitivas »
Composiciones frontales asimétricas que evocan reflexión interior y estilización alargada. Inspiradas en máscaras africanas y en la obra de Brancusi — un homenaje callado a los orígenes del retrato escultórico moderno.
« Símbolo de autoridad, respeto y equilibrio »
Uno de los objetos más representativos de la cultura mapuche, presente en sus ceremonias sagradas. La clava — catancura en mapudungún — se talla respetando su función ancestral dentro de la comunidad.
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No invento formas. Escucho la piedra durante días, a veces meses, y cuando entiendo lo que esconde, el cincel hace apenas un trabajo de paciencia.
Santiago de Chile · 1954 — presente
Nace en Santiago de Chile en 1954. Desde la infancia mostró un profundo gusto por las artes; en su juventud trabajó fabricando lápidas de mármol — un oficio que le enseñó a leer la piedra antes de cincelarla.
En 1994 decide formalizar su vocación y se matricula en la Escuela de Artesanos de la Piedra de Santiago, siendo el estudiante de mayor edad de su promoción. Allí estudia bajo el profesor Carlos Manríquez — maestro del renombrado escultor Samuel Román — una genealogía que marcará para siempre su manera de entender el oficio.
A lo largo de los años colabora con destacados exponentes del arte chileno: la escultora Pastel Santelices en 2003 y el escultor Alberto Maffei en 2006. Estas experiencias lo impulsan a fundar su propia marca.
El nombre — De La Rosa — nace del amor hacia su esposa Rosa, principal apoyo e inspiración durante más de cuarenta años de matrimonio. Esposo, padre y abuelo: su obra refleja un compromiso profundo con el arte, con su familia y con sus raíces.


El estudio trabaja íntegramente a mano combinando tallado en piedra con soldadura y forjado de metal. Las piedras se extraen del suelo chileno — granito, piedra rosada, variedades únicas de la zona central — y cada material dicta su propia forma.
El proceso es lento por definición: seleccionar la piedra, escucharla, dibujar apenas lo necesario, y después tallar. El resultado llega a colecciones particulares, espacios corporativos y jardines dentro y fuera de Chile.